El lustrador luso de zapatos...

Un buen amigo, de habla portuguesa, no identificado, me ha sugerido la siguiente historia, de origen desconocido, que me ha parecido interesante traducir al español, para quien guste leerla:


"Todas las mañanas, el director ejecutivo de un importante banco de Manhattan llega a la esquina donde siempre hay un lustrabotas.


Te sientas en el sofá, lees el Wall Street Journal y el brillo de zapatos le da a tus zapatos un aspecto brillante y genial.


Una mañana, el lustrabotas le pregunta al director ejecutivo:


- ¿Qué opinas de la situación del mercado de valores?


El Director le pregunta con arrogancia:


- ¿Por qué estás tan interesado en este tema?


"Tengo un millón de dólares en su banco", dice el lustrabotas, "y estoy pensando en invertir parte del dinero en el mercado de capitales".


- ¿Cual es tu nombre? –Pregunta al Director.


- John Smith H.


El Director llega al banco y le pregunta al Gerente del Departamento de Clientes:


- ¿Tenemos un cliente llamado John Smith H.?


- Ciertamente - responde el Responsable de Atención al Cliente -, es un cliente muy estimado. Tienes un millón de dólares en su cuenta.


El director se va, se acerca al lustrabotas y dice:


- Sr. Smith, le pido que el próximo lunes sea el invitado de honor en nuestra reunión de la junta y nos cuente la historia de su vida. Estoy seguro de que tendremos algo que aprender de Ud.


En la reunión de la junta, el Director Ejecutivo lo presenta a los miembros de la junta:


- Todos conocemos al Sr. Smith, que hace brillar nuestros zapatos en la esquina; Pero el Sr. Smith también es nuestro valioso cliente, con un millón de dólares en su cuenta. Lo invité a contarnos la historia de su vida. Estoy seguro de que podemos aprender de él.


El Sr. Smith comenzó su historia:


- Llegué a este país hace cincuenta años como un joven inmigrante de Europa con un nombre impronunciable. Dejé el barco sin un centavo. Lo primero que hice fue cambiar mi nombre a Smith. Tenía hambre y estaba exhausto. Empecé a vagar en busca de trabajo, pero sin éxito. De repente, encontré una moneda en la acera. Compré una manzana. Tenía dos opciones: comerme la manzana y saciar mi hambre o iniciar un negocio. Vendí la manzana por dos dólares y compré dos manzanas con el dinero. También los vendí y me quedé en el negocio. Cuando comencé a acumular dólares, me las arreglé para comprar un juego de cepillos y esmaltes de uñas usados ​​y comencé a limpiar zapatos. No gasté ni un centavo en diversión o ropa, solo compré pan y queso para sobrevivir. Ahorré centavo a centavo y después de un tiempo compré un nuevo juego de cepillos y betunes para zapatos en diferentes tonos y aumenté mi clientela. Viví como un monje y ahorré un centavo por un centavo. Después de un tiempo logré comprar un sillón para que mis clientes pudieran sentarse cómodamente mientras limpiaba mis zapatos, lo que me trajo más clientes. No gasté ni un centavo en los placeres de la vida. Seguí ahorrando cada centavo. Hace unos años, cuando el anterior lustrabotas de la esquina decidió retirarse, ya había ahorrado suficiente dinero para comprar el punto en este gran lugar.


Finalmente, hace tres meses, mi hermana, que era puta en Chicago, falleció y me dejó un millón de dólares."


Lustrador de zapatos en Nueva York, camino de la tan manida Independencia Financiera


Me ha parecido una historia muy graciosa, y muy realista. Construir un patrimonio decente, salvo herencia o golpe de azar, cuesta una vida, y no es una frase, hecha, estadísticamente, se tarda una generación, y los que realmente disfrutarán serán los hijos, si hacemos bien nuestro trabajo. La mayoría de gente no tiene la paciencia, ni la generosidad para construir un patrimonio que permita vivir a los hijos y a los nietos de manera cómoda, y ser dueños de su tiempo, el mayor valor y el más infravalorado, de cuantos poseemos.


Atentamente,


@emgocor

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