La engañufla del EBITDA

El EBITDA es un ratio que muchos managers y directivos utilizan para justificar los resultados trimestrales y anuales de las compañías para las que trabajan. Para los que no lo conozcan, significa ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. En estas últimas, las compañías hacen el "truco" de sacarlas de las ganancias, para tratar de justificar unos mejores resultados en sus negocios, como si las depreciaciones y amortizaciones no formaran parte del juego.


Varios profesores de finanzas que he tenido, alguno de ellos reputado catedrático siempre ha afirmado, que pese a la normativa contable, y al afán por los directivos en demostrar la utilidad de esta cifra, es una trampa para los accionistas e inversores, pues no debemos usarlo de referencia para ninguna inversión.


Toda la maquinaria y edificios que forman parte de una empresa se quedan obsoletos, a esto es lo que llamamos depreciación, y así se recoge en la cuenta de resultados de la empresa. Básicamente, la cantidad que un bien se deprecia en el año es un coste que la empresa debe asumir ese mismo periodo. Esa cantidad por la que el activo se deprecia se puede decir que ha sido utilizada en el propio negocio del año en curso.


Imaginad una impresora que vale 1 millón de euros, comprada por Compounders Printing S.A. Tiene una vida útil de diez años. El millón de euros invertido en la compra no se puede contabilizar solo el primer año íntegro, así que hay que prorratear los gastos durante los diez años que la impresora esté en servicio. Esto significa que la impresora se depreciará a un ritmo de 100.000 € al año. La depreciación es un coste real del propio negocio, porque en algún momento del futuro, esa impresora deberá ser sustituida por una nueva.


La compra de la impresora está en el balance como una salida de caja de 1 millón de euros, que se añadirá al apartado de  equipamiento y plantas. Entonces, durante los próximos 10 años, el coste de depreciación de 100.000 € se mostrará como un gasto en la cuenta de resultados. En el balance, cada año se sustraerán 100.000 € del apartado de equipamiento y maquinaria, y se añadirán 100.000 € a la cuenta de depreciaciones. La salida de 1 millón de euros para la impresora se mostrará en el flujo de caja, como CAPEX o inversión en capital.


Hay que enfatizar que el gasto del millón de euros para lo impresora no se produce en el año de la compra, sino a lo largo de los próximos diez años, como un gasto de depreciación  que se incrementa a razón de 100.000 € anuales.


Un elegante truco urdido por los analistas financieros de Wall Street consiste en hacer creer que una vez se ha comprado y pagado la impresora, la depreciación anual de 100.000 € no supone más salidas de caja, pero reduce las ganancias reportadas durante los próximos diez años. Esto significa que, desde una perspectiva cortoplazista, Compounders Printing S.A. tiene un coste anual que en realidad no está suponiendo salidas del dinero de la caja. Así pues, los "espabilados" de Wall Street pueden volver a poner esos 100.000 € de coste en las ganancias de Compounders, lo que quiere decir que ahora ese flujo de caja que salía de la empresa  puede soportar más deuda para aventuras que requieren apalancamiento. Wall Street tiene un acrónimo  para ese recálcalo de las ganancias: EBITDA.


Según Warren Buffett, usando el EBITDA, los listillos de Wall Street están ignorando que la impresora se quedará obsoleta, y Compounders deberá comprar una nueva en 10 años por otro millón de euros. Pero ahora la compañía está tristemente endeudada con la compra apalancada y ya no tienen la capacidad de financiar ese millón de euros para la próxima impresora.


El Señor Warren opina que las depreciaciones son un gasto real y siempre deben ser incluidas en el cálculo de las ganancias de la empresa. No debemos crearnos falsas ilusiones pensando que el negocio gana más dinero del que en realidad obtiene. Nadie se hace rico a base de falsas ilusiones.  


Lo que Warren Buffett descubrió es que las compañías que tienen una ventaja competitiva duradera (moat), tienden a tener más bajos los gastos de depreciaciones como porcentaje del beneficio bruto que las compañías con una intensa competencia. Como ejemplo, las depreciaciones de Coca-Cola rondan el 6%, las de Wrigley's el 7%, la de Procter&Gamble, otra de las favoritas de Warren, el 8%. En cambio, General Motors está en un negocio muy intensivo en capital y competitivo, donde las depreciaciones suponen entre el 22% y el 60% de los beneficios de la compañía.


Y como cualquier coste que se inmiscuye en las ganancias de la compañía, Warren Buffett se dio cuenta que cuantos menos, mejor, porque lo que se trata, al final, es de engordar la vaca lechera.


P.D. La información está sacada y traducida del libro Financial Statements, de Mary Buffett y David Clark. Muy recomendado para el que quiera profundizar en los Estados Financieros de una empresa.

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